Es posible recibir un regalo y tardar mucho tiempo en comprender todo lo que contiene. Muchos creyentes saben que Dios los perdonó, pero continúan acercándose a Él como empleados temerosos: intentando ganar su aprobación, ocultando sus debilidades y esperando ser despedidos cuando fallan.
El evangelio no solo cambia tu destino. También cambia tu nombre y tu lugar: en Cristo, Dios te recibe en su familia.
Abre la Biblia
Lee Romanos 8:14-17. Presta atención a las palabras que describen una relación familiar.
Mientras lees, considera:
- ¿Quiénes son llamados hijos de Dios?
- ¿Qué diferencia existe entre un espíritu de esclavitud y el Espíritu de adopción?
- ¿Cómo podemos acercarnos a Dios ahora?
- ¿Qué comparte un hijo de Dios con Cristo?
No recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu de adopción, por quien clamamos: “Abba, Padre”.
Descubre la verdad
Cuando confiaste en Jesús, Dios hizo más que cancelar una deuda. Te adoptó. La adopción significa que, por pura gracia, te concedió un lugar verdadero y permanente entre sus hijos.
Jesús es el Hijo eterno de Dios por naturaleza. Nosotros llegamos a ser hijos por adopción, unidos a Cristo. Por eso podemos llamar Padre al Dios santo sin tratarlo con ligereza y sin huir de Él con terror.
Tu nueva identidad incluye otras verdades: has sido perdonado, declarado justo por causa de Cristo y apartado para Dios. Pero la adopción nos ayuda a ver el corazón de todas ellas. No obedeces para conseguir un lugar en la familia; aprendes a obedecer porque ya has sido recibido.
Esto también confronta las etiquetas que suelen gobernarnos. Tu pecado pasado puede explicar parte de tu historia, pero ya no tiene derecho a darte tu identidad principal. Tampoco la tienen tus logros, fracasos, nacionalidad, trabajo, estado civil ni la opinión de otras personas. Todas esas cosas pueden describir aspectos de tu vida; ninguna puede reemplazar lo que Dios declara acerca de ti en Cristo.
Ser hijo no significa que nunca serás corregido. Un buen padre forma a sus hijos precisamente porque los ama. Cuando Dios te corrige por medio de su Palabra, no está rechazándote; está enseñándote a vivir de acuerdo con la familia a la que ahora perteneces.
Da un paso
Cambia una etiqueta por la verdad
Escribe una etiqueta que tiendes a usar contra ti: “soy un fracaso”, “nadie me quiere”, “nunca cambiaré” u otra parecida. Después responde:
- ¿Qué afirma Romanos 8 acerca de quienes están en Cristo?
- ¿Cómo hablaría y actuaría hoy una persona recibida por el Padre?
Esta semana: Comienza cada mañana diciendo: “En Cristo, he sido recibido como hijo de Dios. Hoy no tengo que vivir como esclavo del miedo”.
Ora: “Padre, gracias por adoptarme por medio de Jesús. Enséñame a vivir como alguien que pertenece a tu familia y no como esclavo del temor. Amén”.
